La otra cara del terrorismo

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El siglo XXI, en tan sólo 17 años, nos ha demostrado la dura cara del terrorismo y la capacidad que algunos grupos tienen para matar montones de personas en nombre de cualquier causa.

Exactamente un siglo atrás, la humanidad estaba viendo el peor rostro de la guerra y descubriendo un grado de crueldad poco conocido hasta entonces. Irónicamente, a casi cien años de distancia, parece que no aprendimos nada porque siguen dominando los conflictos armados y se cuentan por miles las víctimas inocentes.

El 11 de septiembre de 2001 murieron más de dos mil personas en el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York; el 6 de febrero de 2004, 41 personas murieron en el metro de Moscú por una explosión provocada; el 11 de marzo de 2004, en Madrid, murieron 191 personas por el estallido de diez bombas en la estación de trenes de Atocha; el 1 de septiembre de 2004 casi 200 niños murieron en Beslán, Rusia, luego de estar secuestrados varios días por rebeldes chechenos; en 2005, en Londres, unas 50 personas murieron tras el estallido de dos bombas que se atribuyeron al grupo terrorista Al Qaeda; en 2008, en Bombay, India, 195 civiles fueron asesinados luego de que un grupo de terroristas lanzó explosivos en una de las zonas comerciales más importantes de esa ciudad; en 2011, en Oslo, Noruega, 77 personas murieron tras la explosión de un coche bomba; en 2016, 11 civiles murieron cuando un camión arrolló todo un mercado navideño en Berlín, Alemania; en 2017, al menos 13 personas murieron tras el choque de una camioneta contra una zona turística en Barcelona.

Y a la lista anterior le faltan aún más víctimas y sucesos porque, al parecer, el terrorismo es la manera en que la humanidad de este siglo aprendió a comunicarse y a responder ante su propia incapacidad de bastarse.

Lo que nadie dice de este asunto es que el terrorismo, viniendo de cualquier grupo armado, no empieza en las víctimas de los atentados, sino en las víctimas que hay detrás, pueblos enteros que han vivido el antisemitismo, la discriminación racial y religiosa, y toda una serie de vejaciones que, a lo largo de muchos siglos les dejaron el resentimiento social con que ahora le responden al mundo.

Incluso en México, sin entrar en conflictos internacionales, también han muerto muchas personas en ataques armados cuya causa no fue otra que la formación de grupos criminales, verdaderas sectas que crecieron alimentadas por la pobreza, la ignorancia y la falta de oportunidades para un enorme sector poblacional.

El terrorismo es un fantasma que está presente en la era posmoderna, nos recuerda la fragilidad de la vida y lo básico del ser humano, tan básico que parece no haber aprendido nada del pasado.

@lagotaderramada

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