¿Por qué hay que ir al mercado?

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Sobre todo en los países en vías de desarrollo, y cuya economía depende más del comercio local, los mercados ambulantes y callejeros son una fuente fundamental de ingresos, pero también un elemento que aporta cohesión cultural y social.

Por su carácter de itinerantes, es difícil saber cuántos mercados sobre ruedas existen en el mundo, aunque es fácil observarlos en países como México, Perú, India, Bolivia e incluso China, sitios donde la economía ha florecido, al propio interés de los ciudadanos por progresar.

Un mercado es mucho más que un lugar de comercio, es un punto de encuentro donde la sociedad impone sus propios papeles e incluso, los barrios, las colonias y las ciudades, van estableciendo reglas no escritas para la convivencia. La venta no controlada de productos de todas clases, habla de primera mano de la cultura local, es sincera sobre las costumbres y los gustos de la población que ahí vive e, incluso, provee cosas que no son fácil de encontrar en el comercio establecido.

Viajar a cualquier país tendría que tener como primera tarea obligada, visitar un mercado local para observar a la gente de a pie, conocer sabores, olores y costumbres naturales de la región, esas cosas que no se mencionan en los comerciales turísticos, ni se incluyen en los tours de vacaciones. Solamente de esa manera se podría conocer la realidad de un lugar, e incluso sus problemas.

Por otro lado, los países en desarrollo conservan los mercados como un eje imprescindible de su economía, la manera en que los ciudadanos generan ingresos de manera informal, pero constante, y sin la intervención de impuestos o pautas legales, que obstruyan el libre intercambio comercial entre manos.

Cuando vas al mercado te conviertes en parte de la sociedad, haces dinámica económica, pero también cultural, convives con las costumbres y contribuyes a la vida de la ciudad en la que estás, esa que cuenta las historias del día a día, y está alejada de poses preestablecidas e incluso de empaques artificiales.

Las ciudades donde la cultura local se conserva, tienen mercados donde se observan costumbres auténticas, que atestiguan el desarrollo natural de la sociedad.

Preservar los mercados locales, en cualquier lugar del planeta, es contribuir al progreso de la población, pero también a que las costumbres regionales no se pierdan. Se trata de un verdadero golpe contra la globalización, y la entrada de los grandes monopolios comerciales, que han invadido miles de sitios en pro de una homogeneización, la que más bien es una estrategia para vender mucho y tirar la economía local.

@lagotaderramada

 

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