Migración: nos vamos todos

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Imagina que un día tienes que salir de tu casa sin idea de a dónde irás, ni si vas a regresar. Dejas tus cosas, tus amigos, a tu familia y todo lo que conoces, caminas kilómetros y kilómetros, cargando tu mochila, en busca de una frontera que te dé nuevas esperanzas de vida. Pasas por pueblos, ciudades enteras en las que eres sólo un extraño, casi un delincuente, porque tu olor de días, tu cara adelgazada de hambre y tu color curtido por el sol, te delatan: eres un migrante.

Medio millón de indocumentados, proveniente de Centroamérica, cruzan cada año por México, con la idea de llegar a Estados Unidos.

Buscando un mejor futuro, huyendo de la violencia y de la pobreza, todas esas personas viajan a lo largo del territorio nacional como auténticos indigentes, sin papeles, sin dinero y sin más lugar donde refugiarse que la calle.

Es indignante pensar que tanta gente tenga que huir de sus países, porque ahí no se les garantiza lo mínimo para sobrevivir. En la mayoría de los países centroamericanos, además de la miseria, permea el narcotráfico. Muchos huyen porque son perseguidos, amenazados y acosados por criminales.

De esta manera, México se ha convertido en un verdadero puente, la salida hacia una vida mejor o al menos no tan mala como la que le espera a millones de personas en esas zonas del continente.

El famoso “sueño americano” no es otra cosa que la desesperanza alimentada por el cruel sistema capitalista en que vivimos. Muchos no tienen nada y muy pocos lo tienen todo, se te juzga por lo que posees, por los billetes en tu cartera y la marca de tus calcetines, pero nadie se acuerda que, antes que todo eres ser humano, y tienes derecho a la vida.

Muchos migrantes cruzan a México y ya no logran llegar a Estados Unidos, los caza el crimen organizado, la delincuencia, la cárcel o las leyes de migración, en el menor de los casos. Muchos otros se pierden en la desesperanza y se convierten en pordioseros, vagan por las calles, piden dinero o venden dulces en el transporte público.

En América Latina no hay un plan para aquellos que nacen, crecen y mueren en la pobreza extrema, esos que no acceden a educación básica, menos aún a permisos migratorios, que les den la posibilidad de un mejor trabajo y con ello calidad de vida.

México es entonces un país de paso, quienes pueden se van y quienes pueden también se quedan, porque aunque la ley quiera decir lo contrario, aquí caben todos y no se necesitan reformas migratorias que lo mencionen.

@LAGOTADERRAMADA

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