El animalismo en la posmodernidad

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Eso del rescate de animales, algunas veces parece ser otro tren de las redes sociales para generar seguidores, likes, compartidos, memes y un montón de comercialización cibernética. Viéndolo así, el animalismo moderno podría no ser más que una moda pasajera, sin embargo, la preocupación por los seres vivos es algo que tendría que estar siempre presente en la naturaleza humana.

Vivimos en un mundo que lucha constantemente contra la deshumanización y la pérdida de los valores en la convivencia, y eso sin duda alguna, incluye el trato hacia los animales y el valor que tienen en la sociedad. Irónico o no, es verdad que el masivo surgimiento de organizaciones civiles, que luchan en su favor, contrasta mucho con la popularización de actos de crueldad, mismos que incluso hacen momentos virales en Internet, y se aprovechan de la estupidez de los espectadores para promover acciones que no son un chiste, sino una muestra de lo que mal que anda la humanidad.

Hoy, más que nunca en la historia, los animales son víctimas de una crueldad inusitada, muestras de verdadero odio que sacan a relucir el pésimo estado mental en el que se hayan las personas, sin importar clase social, grado de estudios, género o edad.

Al mismo tiempo, hay una indiferencia generalizada hacia los animales, nadie se quiere hacer cargo de ellos y los que sí lo hacen son rechazados, tachados de locos, enfermos, vagos e inútiles; ser animalista en estos tiempos es un acto de rebeldía contra la posmodernidad, porque plantea no ignorar, no ser indiferentes y sobre todo hacer una conexión espiritual que pocos entienden.

Justo en estos tiempos, la desconexión es el pan de cada día, de ahí que si no somos capaces de conectar con el ser humano que tenemos a un lado, menos aún lo haremos con otra clase de seres vivientes.

Solamente en México, 23 millones de perros habitan en las calles, mientras el resto de los que aquí viven, lo hacen en pésimas condiciones y sólo unos cuantos reciben un trato digno por parte de sus dueños.

Por otra parte, el gobierno mexicano es uno de los que menos ha legislado por los derechos animales. Mientras en países desarrollados el maltrato se paga con cárcel, aquí recientemente se empezó a considerar el asunto en diferentes estados, pero sin que aún se ejerza verdadera justicia por quienes no tienen voz.

Por desgracia, la cultura mexicana considera en muy poco a los animales, eso a menos que se les tenga como negocio o comida, porque en el resto de los sentidos, se les observa como seres inferiores y completamente incompatibles con el género humano.

No hay que ser animalista para entender que los animales tienen dignidad y merecen el mismo respeto que cualquier ser humano, lo que incluye leyes para defenderlos, y castigar a aquellos que ejerzan maltrato o crueldad.

Ser animalista en la actualidad, es romper los esquemas de la desconexión y regresar los pies de la humanidad a la suelo, entender que no somos máquinas súper poderosas y sin sentimientos, sino parte de la naturaleza, y miembros de una cadena que se compone de muchos otros seres sintientes.

@lagotaderramada

 

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