Es paradójico pensar que, aunque en la sociedad sigue arraigado el papel de las mujeres relacionado con los alimentos, su elaboración y su cultivo, hay una problemática en el acceso a este. En algo tan importante como lo es el acceso a la alimentación, las mujeres se encuentran en desventaja frente a los hombres, pues de acuerdo con reportes de comida y agricultura de la Organización de las Naciones Unidas, existe una violencia estructural que ha creado una inseguridad alimentaria.
¿Cómo se manifiesta la violencia a través del hambre?
Primero, la brecha económica. Muchas mujeres aún enfrentan una desigualdad salarial significativa en comparación con los hombres. Limitadas al acceso de empleos bien remunerados, les es imposible adquirir alimentos de calidad.
Además, las mujeres pasan a segundo plano cuando se trata de la alimentación en el hogar. Con frecuencia, priorizan a sus hijos, personas mayores o a sus esposos, quienes reciben porciones más completas de alimentos, mientras ellas sacrifican su propia nutrición por el bien de los demás.
Por último, en contextos extremos como la guerra y conflictos armados, las mujeres vuelven a ser las más afectadas. Se ven obligadas a priorizar el cuidado de los demás, a ceder su alimento a los más pequeños y a reducir su rol únicamente al servicio de otros.

¿Cómo se combate esta violencia?
A través del empoderamiento, de políticas públicas más justas y un mercado que valore por igual el trabajo de hombres y mujeres. No podemos seguir asignando a las mujeres roles que perpetúan la desigualdad y que les impiden acceder de manera justa a una alimentación digna.
Asimismo, con programas que ayuden a asegurar la nutrición adecuada para mujeres y niñas en distintos contextos socioeconómicos, pues si no se rompe esta brecha, solo se acentuará con el tiempo.
https://www.fao.org/panama/noticias/detail-events/fr/c/1457441/ https://efeminista.com/hambre-desigualdad-violencia-mujeres-america-latina/