La justicia climática se entiende como la necesidad de colocar la equidad y los derechos humanos en el centro de la lucha contra el cambio climático. No se trata únicamente de reducir emisiones y afectaciones o solo de proteger ecosistemas, sino de reconocer que quienes menos han contribuido a esta crisis son quienes más sufren las consecuencias.
Este concepto se refiere también a la desigualdad entre generaciones, que advierte cómo las personas más jóvenes enfrentarán sus peores impactos, y todas las nuevas desigualdades creadas con este. Factores como la raza, el género, la etnia o la situación socioeconómica, determinan tanto la exposición a los riesgos climáticos como la capacidad de respuesta.
Hoy más que nunca, hablar de justicia climática es pertinente porque el cambio climático no solo provoca pérdidas materiales, sino también de vidas, culturas, lenguas, agua y alimentos, generando desplazamientos y conflictos que profundizan la injusticia.

Distintas organizaciones han señalado que no estamos frente a una simple crisis ambiental, sino ante una grave amenaza a los derechos humanos. Así, los países con mayor desarrollo industrial y con mayor responsabilidad histórica en las emisiones tienen un papel decisivo: deben asumir lo que puede considerarse como una deuda ecológica y apoyar de manera efectiva a las naciones y comunidades más vulnerables.
Alcanzar la justicia climática en un mundo desigual enfrenta múltiples desafíos. Entre ellos destacan:
- La exclusión de grupos vulnerables, ya sean comunidades indígenas, mujeres, jóvenes y otros sectores marginados.
- La falta de transparencia e información accesible y la carencia de recursos y educación que impide a quienes más sufren participar en la definición de las soluciones.
Todo esto ocurre en un contexto en el que el cambio climático aumenta las desigualdades ya existentes, reforzando la urgencia de un enfoque integral que considere los derechos de las generaciones presentes y futuras. Comenzando por hacer responsables a las naciones e industrias que más contribuyen a este desbalance climático.
Fuentes: