Hoy en día, destruir la reputación de alguien, o la tuya propia, es tan fácil como hacer un clic en el botón de “compartir”. Todo aquello que sube a la red, jamás vuelve a bajar. Las historias de terror se cuentan por cientos. Basta con darle un teléfono celular a un adolescente desorientado y el…