Latinoamérica y su desprecio hacia “el amor que no se atreve a decir su nombre”

Como es sabido, la historia de la liberación homosexual (después liberación LGBT+) en Latinoamérica sigue y seguirá siendo un tabú, a pesar de que, por si no nos hemos dado cuenta, estamos en pleno siglo XXI, por lo tanto, no debería haber cabida para discursos de odio de ningún tipo en nuestro aparato sociocultural.

No obstante, existe un discurso de odio hacia la comunidad LGBT+ tanto en Latinoamérica como en otros lugares del globo. Por ello, en este artículo te hablaré acerca de la cruel realidad respecto al trato que recibe esta comunidad en Latinoamérica.

La realidad para la comunidad es apabullante, y lo ha sido desde siempre, para muestra un botón, nuestro título entrecomillado forma parte de una de las cartas que el escritor Oscar Wilde compartía con su compañero Alfred Lord Douglas, o Bosie, de cariño. Frase que a partir de llevar a prisión a Wilde por “indecencia”, por allá de 1895, fue utilizada como eufemismo para hablar de la homosexualidad.

Después, podríamos asistir, por ejemplo, a la “Etno-historia de la homosexualidad en América Latina”, texto del antropólogo y activista brasileño Luiz Mott, allí podríamos encontrarnos una somera descripción de lo que en realidad llevaría años poder hacer visible ante la sociedad: el horripilante trato que Latinoamérica ha dado a la comunidad LGBT+.

Basta señalar un hecho que recoge Mott, referente a la historia de nuestro país, el famoso “Baile de los 41”. Redada policial donde se condenó (menos al asistente 42, pues era yerno de Porfirio Díaz en aquel entonces) a 41 hombres por el hecho de vivir su sexualidad libremente. A saber, la condena de los 41 fue hacer trabajo “comunitario”.

Ya entonces (y desde mucho antes) estaba muy mal visto el que los seres humanos pudiéramos ser quienes nos diera la gana ser, pudiéramos amar a quien nos diera la gana amar, es decir, a nadie más que a uno mismo debería tener que importarle a quién nos metemos en el corazón, sin embargo, la situación es que la ignorancia conlleva prejuicios.

Luego, muchos tópicos de nuestro imaginario cultural son en demasía moralistas y tradicionalistas, no hay ni cómo lo podamos negar. Entonces, si lo vemos de esta manera, todo está enraizado en el imaginario cultural, que al censurar lo diferente, o como decimos en la actualidad, lo diverso, está propiciando la desinformación, esto va de la mano con la ignorancia, ergo, el discurso de odio tiene las puertas abiertas desde todos los ángulos. Estamos sitiados prácticamente.

Por ello existen organizaciones homofóbicas como Exodus, una organización religiosa que enmascarando su discurso de odio con el de su propia fe, abusan de quienes desafortunadamente caen en sus manos, pensando que su fe los puede “curar” de algo que es normal, y no tiene cura, pues amar es parte de la naturaleza humana.

Exodus, como otras organizaciones que difunden discursos de odio, nació en Estados Unidos y se extendió hasta Brasil, y luego a otros países. Es tan sólo una de las operaciones de una red evangélica global llamada Exodus Global Alliance y realiza ted talks promoviendo a la homosexualidad como un pecado, e instando a la juventud a abandonarlo.

Esta alianza global cuenta en su agenda con políticos, misioneros, psicólogos y personas que defienden la terapía de reorientación sexual, vulgarmente conocida como “cura gay”, aunque la organización prefiera evitar el término, pues tal parece que, hasta para ellos resulta conflictivo el hecho de querer “curar” a alguien que no necesita cura alguna.

Retomando el texto de Mott, refiere que, respecto a Latinoamérica, fue en Argentina donde se creó el primer grupo de defensa de los derechos de la comunidad, en ese entonces solamente contemplando a gays y lesbianas.

Este frente se creó en 1971 y fue conocido como Frente de Liberación Homosexual, organización que, de hecho, editó el primer boletín de tópica homosexual de América del Sur, el boletín Somos.

En 1972 se formaron dos organizaciones en México, Sex-Pol y Frente de Liberación Homosexual. En Brasil sería hasta 1978 cuando se fundaría la primera organización para defender los derechos de la comunidad, la organización Somos, fundada en São Paulo.

Como estas podemos enumerar a partir de los 70 otras organizaciones pro derechos de la comunidad alrededor de Latinoamérica, y en tiempos posmodernos ya podemos hablar de organizaciones que también contemplan a la comunidad entera, pues no solamente la componen un par de letras, son varias y no podemos olvidar eso, la comunidad LGBTTTIQ necesita visibilidad, pero sobre todo necesita respeto, ya lo decía aquel personaje político mexicano tan controvertido: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.

Así es, como pudiste apreciar, lector, la tópica del trato a la comunidad LGBT+ en Latinoamérica no es para nada agradable. Si hablamos de ello, hablamos de discriminación, humillaciones, maltratos psicológicos, e incluso, lo más deplorable que puede llegar a hacer el ser humano, torturar y asesinar.

Por ello, lo único que pedimos como comunidad es ser respetados, somos seres humanos como tú, como otros que leerán este artículo, no tienes que entendernos, solamente tienes que vivir tu vida y dejar a los demás que vivan la suya, así de sencillo. Somos humanos, somos amor.

@lagotaderramada

Fuentes:

Luiz Mott, “Etno-historia de la homosexualidad en América Latina”, Trad. Libia J. Restrepo. [Fecha de consulta:12/11/2021]. En: 

» https://revistas.unal.edu.co › article › download.

Ojo Público, “Niéguese a sí mismo: terapias de reorientación sexual en América Latina”. [Fecha de consulta:12/11/2021]. En:

 

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